Pastoral Cuaresma 2017

Queridos hermanos y hermanas:

De nuevo resuena en nuestros corazones y en las Comunidades la invitación de Jesús: “Convertíos y Creed en la Buena Nueva” (Mc. 1,15). La conversión no es una práctica ya en desuso que hay que recordar en tiempo de Cuaresma. Es la nueva orientación de toda nuestra vida, el cambio de rumbo que necesitamos para vivir de manera más sana y coherente sin estropear todavía más nuestra persona. Toda Cuaresma es una llamada de gracia y misericordia, a comprender que nunca es tarde para comenzar el camino y que todo error es luz para empezar de nuevo. La Cuaresma es un tiempo para creyentes capaces de confrontar valientemente su vida con la verdad del Evangelio. Es un tiempo de reflexión, de austeridad, de oración, y de escucha intensa de la Palabra de Dios. No es un tiempo de componendas ni de liturgias teatrales, es un tiempo de Gracia para vivir las palabras del profeta Joel: “Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras” (Jl.2. 12-18). Es un impulso a no eludir aquello que nos obligaría a cambiar. A veces no queremos reconocer nuestras equivocaciones y nuestro pecado. Quizás no obramos con mala intención. Sencillamente eludimos lo que nos urgiría a vivir con más verdad. Una actitud más sincera y transparente que nos permita vernos tal como somos, y abrirnos a la confianza, a la responsabilidad y a la esperanza. Confianza radical en Dios, como Padre Misericordioso, compañero de ruta, que lucha, sufre, fracasa, y triunfa con nosotros. Dios que es compañía, apoyo y promesa para el hombre (Jn 3,16). Amados por ese Dios Padre en el que todos podemos encontrar también perdón para nuestra culpabilidad, defensa ante las amenazas, consuelo ante el dolor, fuerza en la debilidad, y promesa en la oscuridad. Es el momento oportuno para escuchar las llamadas que nacen de nuestras conciencias invitándonos a ser mejores. La Cuaresma es un tiempo profundo y peculiar para plantearse el sentido de la vida, la calidad de nuestro Bautismo y el sí de nuestra llamada. Es escuchar en el silencio de la oración, en la sinceridad del ayuno y en el gozo de la limosna, las palabras del apóstol San Pablo: “En nombre de Cristo, os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios” (Cor 5,20). Es hora para reavivar el fuego de nuestra llamada. Corremos el riesgo de la monotonía en la fe, apatía en la esperanza y el olvido en el compromiso fraterno del amor. Por este motivo, la Cuaresma debe ser tiempo de luz, de impulso y de gozo pascual.

De luz, porque nos debe ayudar a iluminar nuestra identidad de creyentes para descubrir la calidad y hondura de nuestro Bautismo. De impulso, para encontrarnos con Dios, quien mira siempre adelante y nunca atrás; (Lc 15,11-24), para encontrarnos con nosotros mismos, aceptando mi pobreza y limitaciones y sin embargo llamados a superarnos siempre, y encontrarnos con os demás desde un dialogo fraterno y comprometido. De gozo pascual, toda conversión asumida y acogida como compromiso vital de nuestro ser nos lleva a ser hombres y mujeres nuevos, de la levadura pascual con el gozo de descubrir en nuestro Emaús que se nos desvela en la Eucaristía. Este tiempo de gracia, nos invita a mirar nuestra alma y encontrarnos con el Dios Misericordioso de Jesucristo que nos llama por nuestro nombre (Lc 15, 4-7), con nosotros mismos en nuestra desnudez (Gen 3, 8-10) y ver quien soy y como tengo que ser, y encontrarnos con los demás par descubrir al otro como hermano necesario en mi caminar (Jn 17,21)

Que la Virgen María nuestra Madre, mujer orante en el silencio, en el compromiso y en la fidelidad, viva con nosotros este tiempo de Gracia, de Luz y de Amor, que es la Cuaresma

Padre Rolando – Párroco Garabandal