Testimonio anónimo

Me llamo C.
(Portugal/Galicia)

Identificarse con simples siglas o en el completo anonimato igual ayuda a pronunciarse con sencillez, sin vanidad, y a parecer más creíble, al no existir interés expreso para la jactancia. Esto lo menciono porque lo que cuento a continuación, es con la única y responsable intención de exportar luz y verdad por lo experimentado trabajando para la Virgen de Garabandal; con regalos o certezas incontestables ya para uno, alejadas del empirismo imposible por el que otros se rigen, que sin más pruebas, fían al tubo de ensayo sus experiencias sin admitir que para que alguien entre, es condición indispensable abrirle un poco la puerta, además del corazón.

Con mi testimonio, aparte de proclamar mi amor grabado a fuego a la Virgen -del que Garabandal tiene toda la responsabilidad- debo confesar que Garabandal entró en mi vida, con la reconversión que la Virgen Stma. operó en mi, al poco de haberme sumergido en sus andanzas por el bendito pueblo en un trabajo -atrevido e incierto entonces, y hoy también- sobre Ella; confieso decía, que debo atreverme a contar que he sido obsequiado con impagables regalos y deferencias de la generosa Madre de todos, pormenores que no voy a detallar aquí, pero por los que se me ha hecho saber que Ella sigue aquí y allá donde vamos, que Está como el primer día aquél de Junio del 61 y otros, y que puedo presumir como el amplio elenco de fieles y devotos suyos, de sentirme incluido en el registro de los privilegiados que tienen la dicha de trabajar de una u otra manera para Ella. Y es lo que hago día a día, y para lo que empleo las jornadas y horas que el Señor me concede con cada amanecer. Por y para Quién yo vivo.

Esos detalles o experiencias tan grandes y definitivas para mí, como seguro las hay y hubo para otras gentes, me han ofrecido sin embargo la sensatez de apreciar el don de la Fe en otros, como un gran regalo también; un don que los demás ‘carboneros humildes’ se ganaron directamente del Hijo de la Virgen a pulso, creyendo sin más con toda la humildad posible ante la que uno, pese a lo que pudiera parecer, no podría compararse, porque ellos sin ver, sin necesitar de corroborarlo, se les ha concedido por bien ganado. Mientras que uno, lo ha obtenido, o así lo creo, sin tanto mérito, puesto que al Ver, todo se resuelve ya demostrado, asimilable y hasta demasiado cómodo tal vez. Pero sea como fuere, Garabandal es la apología, el apostolado, en directo y en vivo de la mismísima Virgen desde el Señor, y encomienda como pocas ha habido y habrá. De hecho antes de Zeitún en Egipto, ya se constituía Garabandal como precursora en varios hitos en las Apariciones pasadas y futuras. Su contundencia y alcance es tal, que le resulta difícil de asimilar a los más doctrinales y exigentes principios científicos y físicos, e incluso a aquéllos que con más cautela y prevención, creen oportuno anteponer a ello más blindajes si cabe a lo preternatural. Tal vez lógico hoy más que nunca, ante tamaña avalancha del mal que nos envuelve y que crece día a día, reclamando la imperiosa necesidad de protección ante el relativismo de un mundo anticlerical y desnortado. Pero es que a veces Ella, empujando tanto, nos desborda a todos, hasta tal punto que a unos destroza teorías y ciencia, y a otros les hace girar los dogmas al lado contrario, como que pareciera que los opuestos (ateos/creyentes) se dan la mano…

El Fin de los Tiempos puede que haya comenzado, y la Virgen –siendo objetivos- nos parece hoy a algunos más enmudecida que nunca, cuando debiera ser al contrario. Pudiera dar la impresión de que, en un ilógico bucle, justificamos el negar lo que no vemos, bajo el pretexto de demostrarlo tocando…lo invisible. Y mientras, obviamos arrodillar necesariamente el corazón.

Garabandal sigue su curso según lo vaticinado, y humildemente he decidido que no, que no tengo previsto traicionar a mi hermosa y salvadora Madre del Cielo que me hizo comprenderlo todo en Garabandal, jamás. Gracias pues a mi Virgen de mi alma, a mi Virgencita del Carmen de Garabandal.