Hace 56 años (2 Julio 1961)

Hace 56 años (2 de Julio de 1961), Dios quiso suscitar un acontecimiento de honda espiritualidad mediante una misteriosa intervención de la Madre de Jesucristo y Madre nuestra, a cuatro niñas en un bello rincón de Cantabria (España).
Desde aquel momento, San Sebastián de Garabandal constituyó el epicentro de aquel comienzo (18 Junio 1961), que como buena y misteriosa semilla se ha desarrollado hasta las dimensiones actuales. Aquí lo más importante es la figura de la Virgen, que siempre sabe indicarnos con asombrosa claridad al gran importante: su Hijo Jesucristo “Haced lo que El os diga” (Juan 2.5)).
El “propietario” de este lugar es Garabandal con sus gentes en su Parroquia. La Iglesia ha sido y es, cauta y respetuosa ante estos fenómenos, pues surgen muchos brotes en diferentes partes del mundo, y algunos nada acordes con la Fe de Jesús, el Amor autentico a la Virgen y la Comunión con la Iglesia. Y en estos lugares, acostumbran a ir peregrinos desconcertados por sus ideas y otros utilizan estos lugares como beneficio personal o como lugar para imponer y vivir sus criterios anti-eclesiales. Hay que trabajar para que esos lugares no sean nidos que por sus ideas atenten contra la Comunión Eclesial y el Amor de hermanos.
Ha nacido un lugar Mariano, centralizado en el bello paisaje de unos pinos, bien llamado “Pueblo de María”. La imagen tierna y maternal de la Virgen expresa la hospitalidad de Nazaret y la solícita vigilancia dispensada a la Iglesia en Pentecostés.
Dios nunca ha negado las gracias imploradas por intercesión de María nuestra Madre (Bodas de Caná de Galilea). María siempre ha cuidado y cuida la obra de la Conversión y Santidad, que el Espíritu Santo quiso cumplir y está cumpliendo. Para ello, se ha esmerado maternalmente en inspirar una gran docilidad a su Hijo, a su Iglesia presente en el misterio de Ella (por eso es Madre de la Iglesia), y a su Evangelio (Bodas de Caná). Ha excluido y sigue excluyendo con delicadeza maternal, elementos nocivos y deformantes en los momentos tormentosos y difíciles que se van superando.
56 años, constituyen un pedazo de historia que se inscribe en la Eternidad. El mundo sigue tiranizado fuertemente por el pecado en medio de las turbulentas aguas de esta época, y requerido por la Gracia que brota de estos fenómenos que llevan a la espiritualidad interior. La victoria final es de Cristo.
María nuestra Madre recupera y suscita en cada hombre y mujer, la imagenNuestra Señora del Carmen adorable de su Hijo Divino, y atrae su corazón a los más distraídos del camino, ella ejerce una atracción constante en todos sus hijos que se acercan a lugares supuestamente marcados por su presencia. El término de esta atracción es Jesucristo presente en la Eucaristía, por eso ella en el primer mensaje nos invita a acudir a la Eucaristía como fuente de vida y esperanza. Ella es Madre y se preocupa de nuestra limpieza interior y nos encamina a la conversión a través de la oración, sacrificios y penitencia. Ella es peregrina y caminante con sus hijos al encuentro del Padre Misericordioso.
María, desde sus Santuarios, o lugares especiales, suscita, mantiene y nutre la Fe de innumerables peregrinos que van buscando un sentido a su vida. El momento presente en medio de esta bruma que nos impide ver con claridad el camino a seguir en medio de tantos obstáculos reclama su AUXILIO.
La misión de María, encomendada por Jesucristo desde la Cruz, en aquel viernes santo de la historia, momento desgarrador, es ser Madre de la nueva humanidad redimida por su Hijo y acompañar en este valle de lágrimas el caminar de todos sus hijos e hijas. Es urgente unir los esfuerzos, intensificar el servicio de la Misericordia y asegurar la Comunión Eclesial desde una profunda sacramentalidad.
La Virgen, NO AVALA la indisciplina que rompe y adultera el corazón de una Madre, y NO AVALA, el mayor de los carismas para que sea fuerza FUERA DE LA COMUNIÓN CON LA IGLESIA.
Garabandal, es pueblo de María, casa de la Madre. Lugar donde los peregrinos encuentran la llamada a la conversión en sus corazones y un sitio en la mesa familiar de la Eucaristía. El amor a Jesús cobrará su verdadera dimensión en el amor incondicional a su Iglesia y a su Evangelio, y solo desde el amor profundo y auténtico a la Virgen lo hará posible.

Pastoral Pascua

Queridos hermanos/as en Cristo Resucitado:

Hace pocos días hemos escuchado en la magia del “hoy” pascual las alentadoras palabras del ángel a las mujeres: “Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. No está aquí. Ha resucitado como había dicho”. Jesús firma las palabras del ángel: “Alegraos”. “No tengáis miedo: Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28, 1-10).

Una antigua liturgia oriental llama a la Pascua: “Fiesta de las fiestas” porque sólo en ella se puede fundar otra fiesta verdadera. La pascua es la fiesta de la fidelidad y el amor de Dios al mundo. Es una invitación a vivir “en estado de fiesta” aún en medio de los combates de la vida cotidiana. Cada Pascua es un reto de dar razón de nuestra esperanza (1ª Pedro 3,15) a nosotros mismos y a los hombres y mujeres con los que compartimos la encrucijada azarosa y recia de este mundo.

Esta esperanza tiene su nombre: Jesucristo y se funda en un hecho: Su Resurrección. Cristo es nuestra esperanza (1ª Tm 1,1). Desde el Resucitado podemos mirar y comprender la vida con su historia concreta, sus gozos y sus sombras, sus aciertos y errores, dificultades y progresos, de una forma nueva. La esperanza pascual nos empuja a mirar hacia delante, no con ingenuidad sino con optimismo, enraizados y edificados en Cristo (Col 2, 6). Porque en medio de esta historia dolorosa y apasionante de los hombres se abre un camino hacia la liberación y la resurrección.

Compartir con el Crucificado su resurrección es, en definitiva, aprender “a dar la vida”, el tiempo, nuestras fuerzas y tal vez nuestra salud por amor. No nos faltarán heridas, cicatrices, cansancio y fatigas. Nos espera un Padre Misericordioso capaz de resucitar lo muerto. Nuestro futuro es una fraternidad feliz y liberada.

¿Por qué no detenerse hoy ante las palabras del Resucitado en el Apocalipsis?: “He abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar”. En definitiva una esperanza nos sostiene: “Un día Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos, y no habrá ya muerte, ni habrá llanto, ni gritos, ni fatigas porque todo este mundo viejo habrá pasado”.

Que la Virgen María, regalo pascual a la Iglesia y al mundo, nos acompañe en nuestro peregrinar de esta Galilea a la nueva Jerusalén, proclamando con el corazón, los labios y la vida el sentido de la pascua: “El es nuestra esperanza” (Col 1,27).

La Pascua tiene sello de eternidad. ¡FELIZ PASCUA!

Padre Rolando – Párroco de Garabandal

Testimonio de Pilar

Mis dos viajes a Garabandal han sido un bálsamo para mi alma, recomiendo esta visita a todas aquellas personas que necesiten sentir ese calor en su corazón, no quedaran defraudadas. La MADRE DEL CIELO está esperándonos, deseosa de arroparnos bajo su manto, la oración nos ayudara a acercarnos. Mil gracias MADRE.

PILAR (Madrid 10-3-17)